A lo largo de la historia una buena proporción de filósofos han sido considerados feos. Independientemente de que sea un juicio unánime o una verdad objetiva podemos establecer este factor social como otro elemento que excluye al filósofo de la vida del resto de los humanos para situarlo de nuevo en el “vacío”, en la nada. Si la sociedad te ha reconocido en alguna medida como agradable no hay necesidad desde aquí de plantearse cuestiones del tipo: ¿qué es la belleza?, ¿por qué me ha tocado esto a mí?, ¿por qué me repudian?, etc… Si no le eres grato a tus congéneres por esto ya puedes encontrar una explicación que te permita superar este problema o hundirte en el desprecio. Naturalmente no hay que olvidar que a otros muchos filósofos no les ha tocado caer en este grupo, su interés poca la filosofía tiene otras motivaciones aunque pueda tener similares metas.
Curiosamente Sócrates, el fundador de la estética, era terriblemente feo. Todas las opiniones (incluida la suya) nos lo confirman. Orificios nasales grandes, barriga prominente y unos ojos saltones, que según el mismo decía le servían para ver más hacia los lados que el resto de la gente, eran algunos de los elementos comunes para considerarlo a lo largo de la historia como un verdadero feo. Él lo sabía y no hizo nada por cambiarlo. Seguía andando descalzo o llevando descuidada la barba y el pelo. Además todo esto no le preocupaba gran cosa, tenía la cabeza en “otro lugar”.
Los sucesores de Sócrates no están mucho mejor. De Platón era conocido su timbre de voz aguda y débil. Aristóteles, el creador de la lógica, es un tartamudo de ojos pequeños. La tartamudez también será otro problema que compartirán más filósofos (Hegel, Rousseau,…).
Una larga lista de “feos” continúa desde los que también fueron considerados así en los comienzos de la filosofía: Zenón de Citium, obeso y desgarbado con el cuello que se inclina hacia un lado, influenciado por su fealdad busca redirigir a los estoicos desde la belleza hacia la virtud. Epicteto se presenta como cojo, pobre y esclavo. Tomás de Aquino es mencionado por sus alumnos como “muy gordo”. Malebranche es descrito por Ginnette Dreyfus como “de complexión débil y de conformación irregular.”. Augusto Comte es bajo, con una cicatriz en la oreja derecha y cuando Clotilde de Vaux lo ve tiene erisipela (una enfermedad infecciosa que hace inflamarse la piel de la cara). Marx tiene malnutrición y ántrax. Lo atribuye a la fatiga, el cansancio y la imposibilidad de consultar médicos debido a su precariedad económica. Sartre se reconoce como feo. Bajo de estatura, con estrabismo y tuerto, siente desde joven el desprecio de los demás hacia él por estas características. Decía, “la fealdad me ha sido descubierta por las mujeres; me decían que era feo desde los diez años.” A resultas de todo esto supera su sentimiento de inferioridad haciendo una teoría sobre la mirada.
Algunos de los extremadamente bajos son Kant, Montaigne y Descartes. Los tres de la misma estatura, 1,57 m. También Nietzsche, Comte, Heidegger y Sartre entran en esta categoría. Montaigne se describe a sí mismo de esta manera: “Soy de una estatura un poco por debajo de la media.”; nos recuerda algunos de los inconvenientes que supone su condición: “Este defecto no sólo aporta fealdad, sino también incomodidad, sobre todo a los que tienen mandos y cargos.”; y une fealdad con vinculación a la filosofía: “Me parece que la filosofía nunca tiene tan buen juego como al combatir nuestra presunción y vanidad.”. A Kant además de la estatura le toca también ser tuerto. Doble cruz.
Entre los que son casi o completamente ciegos están Plotino, Demócrito, Montesquieu, Nietzsche. Montesquieu se describe como “un pobre hombre que cae y se golpea por todas partes, que no reconoce a nadie y que no sabe nunca a quién habla. De Nietzsche, que por su biografía puede entrar dentro de varias de las secciones anteriormente descritas, existe este pequeño vídeo en el que se le puede ver en Weimar poco antes de morir. Son obvios (entre otros) sus problemas de visión.

Este artículo fue publicado el 27 junio 2010 y está archivado en las secciones , , , , , , . Puedes seguir las respuestas a esta entrada a través del comments feed .

2 comentarios

Es muy interesante observar la importancia que por ejemplo le da Nietzsche al "feo" de Sócrates, el en el texto "El crepúsculo de los ídolos". El hecho de ser feo no solo será condenado por Nietzsche como algo esencial lo cual “afecta” a la filosofía de Sócrates; también será una circunstancia continua capaz de afectar lo instintivo y moral de un hombre.

Muy interesante,

Saludos,

Pablo T.

28 jun. 2010 4:38:00

Gracias Pablo.

Un saludo.

4 jul. 2010 13:37:00

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